© Justo Félix Olivari Tenreiro.
Un día, de repente, te encuentras con que una persona por la
que sientes muchísimo cariño, y que a su vez te ha expresado sentimientos
similares, te cuenta que se siente dolida por actitudes y comportamientos
tuyos… Y lo peor de todo es que lo ha hecho de buena manera, hablando en
primera persona, sin acusarte de nada, sin descalificarte, sin intentar que te
sientas culpable, en definitiva, sin manipulación de por medio.
No te gusta oír eso; sea por orgullo o por lo que se te
ocurra, sientes la enorme tentación de recurrir a las más diversas artimañas
para desbaratar esa verdad. Entonces pueden aflorar alternadamente, o al
unísono, victimizaciones de tu parte, justificaciones banales, acusaciones
culpógenas y defensivas hacia ese ser que ha tenido la osadía de incomodarte de
tal manera, y hasta la mismísima negación de los hechos en cuestión.
¿Sabes una cosa? Ese humano te está trayendo una gran
noticia (y pelearse con el mensajero siempre ha sido una actitud muy torpe y
ciega), y una hermosa invitación. Te está anoticiando de que también puedes ser
"oscuro" y "pecador", y te está diciendo: “Bienvenido a la
realidad de quien eres!!”.
Por más obvio que parezca, debo decirlo: creer que vamos a
pasar y terminar esta encarnación sin haber lastimado jamás a nadie, es un
delirio mayúsculo.
Pero el Mundo está repleto de almas encarnadas en un cuerpo
físico, convencidas de que son ángeles…
“Abrazar nuestra sombra”, “Aceptar nuestra oscuridad”, son
frases que yo mismo suelo usar, pero que pueden sonar como muy abstractas.
Esto, de lo que estoy escribiendo acá tiene que ver con aceptar sin juicio
alguno nuestra “sombra”… Es muy sencillo, y muy concreto!!
Si tu sagrado Corazón te dice, y con tus dos manos sobre él
concluyes fehacientemente que ese otro ha actuado de manera impecable, que no
lo mueve la venganza ni el resentimiento, que sólo te ha dicho lo que lo ha
lastimado sin buscar otro rédito que no sea el de darle a ese vínculo la
oportunidad de sanearse y así poder perdurar en el tiempo, decía, si tu Corazón
te susurra esa Verdad, creo entonces que lo mejor que puedes hacer es respirar
profundo, tragar saliva y con ella la amargura que te da el saberte falible, y
abrazar esas palabras con todo el Amor del que seas capaz…
Todas esas tretas para neutralizar lo que te han comunicado,
no logran otra cosa que hacerte perder una enorme cantidad de energía. “Si
dices la verdad nunca tendrás que acordarte de nada” es una frase atribuida a
alguien que no recuerdo, pero que considero muy certera.
No te defiendas. No pierdas tiempo ni energía. Ni tampoco te
juzgues!! Si en verdad sientes amor por esa otra persona, date la oportunidad
de que la sublime belleza de la balanza libriana restablezca el equilibrio
perdido.
Lo he comprobado decenas de veces. El consentimiento amoroso
de quienes somos (personas capaces de lastimar sin intención consciente a
otros, porque todos somos neuróticos, porque todos estamos heridos, porque
nadie nació de un repollo), con la imprescindible ausencia de juicio o
descalificación alguna sobre nuestro comportamiento, te conducirán, de manera
inmediata, a un espacio de alivio y serenidad formidables…

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