© Félix Olivari Tenreiro.
En mis años de experiencia impartiendo clases de Tarot, he
comprobado y llegado a esta conclusión: el “alumno” que viene a tomar clases,
ya sabe hacerlo, ya tiene las capacidades intuitivas y “psíquicas” para leer el
Tarot, y lo único que viene a buscar es un espaldarazo, un reconocimiento de
esas cualidades, alguien que lo avale y que le reafirme las mismas, en
definitiva, viene a buscar CONFIANZA.
Claro está que cada carta, sobre todo si hablamos de los
Arcanos Mayores, tiene su propia impronta, su configuración arquetípica… Aun
así, me he dado cuenta de que tampoco es necesaria una excesiva intervención de
mi parte con respecto a eso, ya que esa persona sentada frente a mí, al abrirse
a SENTIR la carta, conecta inexorablemente con la energía que la misma
representa…
Si algo trascedente le aportó la Astrología a mi
Consciencia, es la profunda convicción de que cada uno de los Seres Humanos que
pisamos la faz de la Tierra somos absolutamente únicos e irrepetibles. Desde
esa convicción, es sencillo comprender que haya tantos métodos diferentes para
enseñar esta maravillosa disciplina, cada uno de los cuales hallará eco en las
personas que resuenen con una modalidad de enseñanza-aprendizaje determinada.
Hasta donde he observado, y me desmentirá o corregirá quien
leyendo esto pueda aportarme otra mirada, los métodos clásicos de cualquier
enseñanza tienen una fuerte impronta sagitariana-capricorniana. Esto es: existe
un “profesor” o maestro, (Sagitario), poseedor del saber, y yo, como alumno,
recibo ese conocimiento de una manera más o menos pasiva, dentro de una
estructura que puede ser un Instituto, una Universidad, Escuela, Colegio o
similar, con un programa de estudio pautado al que, dentro de lo posible, se
respeta. (Capricornio).
Siendo el Tarot una disciplina fuertemente ligada a los
aspectos intuitivos y “psíquicos” del Ser Humano, es natural que así como
muchas personas se sienten cómodas en la clásica estructura de enseñanza, a
tantas otras se le dificulte enormemente este “aprendizaje”, ya que tienen que
memorizar conceptos y los significados de las cartas, y, en algunos casos,
diferentes combinaciones de cartas para hacer las tiradas, recibiendo
información más ligada al consciente izquierdo de nuestro cerebro, que al
derecho, el que nos permite concebir las situaciones y las estrategias del
pensamiento de una forma total, integrando varios tipos de información,
(sonidos, imágenes, olores, sensaciones), y transmitirlos como un todo.
Pues es de suponer que ha sido mi propia configuración
energética natal, (para los que entienden, Ascendente en Géminis, Casa IX, la
de los estudios “superiores”, el aprendizaje y la enseñanza, en Acuario, y
Urano, el regente de este sigo, en conjunción con Mercurio en la Casa III), la
que ha motivado esta inquietud, y la que ha hecho que llegaran a mí estudiantes
frustrados con esos métodos de enseñanza convencionales, luego de haberlo
intentado en varios lugares y casi, como me dijo hoy una alumna en nuestra
primera clase, a punto de darse por vencida convencida de que el Tarot no era
para ella…
El ANTI-MÉTODO que me surgió un día antes de tener a mi
primer alumno de Tarot, (con esa configuración astrológica que ya describí, no
estaba dentro de lo probable que me pusiera a diseñar un “plan de estudios”
sistemático, ni mucho menos…), fue el de invitar al mismo a que pusiera cada
carta, de una por vez, delante de sí, y que simplemente me dijera qué le decía
esa carta, qué sensaciones experimentaba al verla, que se fijara en la
expresión del rostro del “protagonista” de la misma, y que me dijera qué le
sugería esa expresión, pero que también observara el dibujo de la carta en su
totalidad, en fin, que no usara la “mente”, y que, sin pudor alguno, expresara
lo primero que sentía.
Pues no tengo manera de contar la enorme sorpresa que me
provoca escuchar tan bellas y originales “explicaciones”, tan particulares y
tan propias de cada Ser… Y “jugar”, geminianamente hablando, en un ida y vuelta
de impresiones y sensaciones que ambos nos proveemos desde nuestros aspectos
más descontracturados, en un espacio de libertad y placer… Y sentir y ver la
felicidad y alegría de los alumnos, al sentirse liberados y aliviados, como me
dijo otra alumna, “al no tener que hacer memoria!!”, y respetados y respaldados
con respecto a lo que sienten y VEN…
Como docente no hay nada que temer, ni, como expresé al
principio, mucho que hacer: la impronta energética de cada carta no se
desdibuja en ningún momento, ya que al invitar al “aprendiz” a que se conecte
con el Arcano desde su consciente derecho, hay enormes posibilidades de que
entre en contacto con el arquetipo que ese dibujo representa en el Inconsciente
Colectivo… Esa persona empieza así a familiarizarse con lo que luego va a ser
moneda corriente cuando se disponga a hacer una lectura o tirada: CONECTAR CON
SU INTUICIÓN, CON SU SENSIBILIDAD, CON LO QUE LE DICE SU “PANZA”.
Me limito a compartirle a mi interlocutor lo que me ha
representado esa carta en mi experiencia tirando el Tarot, y luego, claro, le
enseño diferentes tiradas, haciendo hincapié en la denominada “Astrológica”, o
sea, usando las 12 Casas o áreas de Vida con las que se rige la Astrología, ya
que me parece la más completa en principio.
Ver a estas personas desplegar sus cualidades y capacidades
cuando se apropiaron de la seguridad en sí mismas, y ser protagonista de la
felicidad que eso les provoca y los sentimientos de libertad con los que entran
en contacto, es una de las gratificaciones más grandes que recibo trabajando
con estas disciplinas.

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